Esta empresa argentina inventó una criptomoneda que apunta a la prevención de la deforestación

Esta empresa argentina inventó una criptomoneda que apunta a la prevención de la deforestación
El valor de estos tokens está respaldado en un metro cuadrado de un terreno de 24.500 hectáreas en Misiones para la recuperación de la biosfera nativa
Por iProfesional
10.04.2021 20.34hs Actualidad

Los primeros 'tokens' de esta criptomoneda están respaldados por un metro cuadrado de terreno en un campo de 24.500 hectáreas destinado a la recuperación de la biosfera nativa en la provincia de Misiones. El proyecto continuará con lotes en ecorregiones de Salta, bosques patagónicos y la turba de Tierra del Fuego, hasta completar 100.000 hectáreas.

A pesar de que gran parte de la población mundial desconoce qué son y cómo funcionan las criptomonedas —monedas digitales basadas en la criptografía que operan sin necesidad de bancos centrales para su emisión—, su auge en los últimos años es un hecho que las confirman como la principal disrupción sobre el mundo las finanzas internacionales de la revolución digital.

GMB Coin fue lanzada recientemente en Argentina, con un modelo innovador. La compañía GreenBond Meter emitió tokens cuyo valor está respaldado en un metro cuadrado de un terreno de 24.500 hectáreas en la provincia de Misiones (noreste), destinado a la recuperación de la biosfera nativa y su conservación por un período de 100 años, para luego ser donado al Estado para crear un parque protegido.

El proyecto planea recuperar lotes en la yunga de Salta, los bosques patagónicos y la turba de Tierra del Fuego 

"La idea que surgió hace dos años fue la de generar a partir del impulso y el manejo de grandes volúmenes de capital que permite el mundo cripto que se vea reflejado en una acción directa con la prevención de la deforestación, con un aporte positivo al cambio climático, que nos permitiera remediar de manera directa las emisiones de carbono", dijo Juan Núñez, fundador y CEO de GreenBond Meter.

Cómo funciona

Cada token es único y está vinculado a una parcela geolocalizada. Nuñez explicó que los terrenos primero se rentan por dos años, en los que la actividad forestal cesa, durante ese tiempo se realiza la venta de las monedas y luego se compra el terreno.

La tenencia de cada GBM Coin no otorga derecho real de dominio, posesión o uso sobre la porción de la tierra preservada, sino un derecho de exigencia de cumplimiento de preservación y no explotación de la misma.

A partir del 2023, cada inversor que haya adquirido las criptomonedas tendrá la posibilidad de obtener el equivalente en bonos de carbono a los metros cuadrados asociados a su token y comprar créditos de carbono al 50% de su valor antes que salgan al mercado.

Los créditos de carbono son cada vez más requeridos por las corporaciones, tanto para compensar sus emisiones como para perfilar su imagen en materia de aportes a la Responsabilidad Social Empresaria (RSE).

"En el proceso de esos 100 años, para solventar toda la operación, calculamos que en esas 24.500 hectáreas va a haber más de 300 empleados, hacer explotación sustentable, por ejemplo yerba mate nativa, miel, productos que no impliquen degradar la selva", mencionó.

¿Puede una criptomoneda ser verde?

Las personas que no están convencidas del futuro de este activo suelen citar los efectos negativos ligados a la huella de carbono debido al consumo de energía eléctrica para su minería.

Dentro de este complejo universo, existen diferentes criptomonedas. Bitcoin, creada en 2009, primera moneda digital descentralizada e independiente de cualquier gobierno o entidad financiera, es indudablemente la más valiosa y común: ocupa más del 50% de todas las que hay disponibles en el mercado, señaló Sputnik Mundo.

Pero existen alternativas, como la principal competencia, Ethereum, dentro de la que funciona GBM Coin. Tiene un funcionamiento similar, a partir de la tecnología blockchain, literalmente cadena de bloques, que es el registro público y compartido en red de las transacciones, que le dan validez, a través de cálculos matemáticos criptográficos que consumen gran cantidad de procesamiento, llamado minería.

"GBM Coin está diseñada sobre la blockchain de Ethereum, con lo cual ya representa un ahorro energético de un 75% aproximado contra Bitcoin, que es anti eficiente, consume altos niveles de energía comprobado por varios estudios", detalló a Sputnik Alejandro Carrano, fundador y director de marketing de GreenBond Meter.

GBM Coin está diseñada sobre la blockchain de Ethereum

Carrano explicó que, a diferencia de otras criptomonedas, GBM Coin fue preminada, y la única manera de obtenerla es por la compra de la misma, mientras que las otras requieren esencialmente del proceso de minería para conseguirlas y son a su vez las que se dan como incentivo para el minero.

"Ethereum ya lanzó su versión 2.0, que reemplaza el sistema algorítmico PoW [Proof of Work, o prueba de trabajo] para incorporar ahora PoS (Proof of Stake, o prueba de participación), que es aún mucho más eficiente energéticamente ya que no requiere de minería", aseguró.

Como la fluctuación del valor de las criptomonedas puede ser amplio y su compra una inversión riesgosa, comenzaron a aparecer las llamadas stablecoins que, como implica su apodo, son más estables porque están respaldadas en moneda tradicional, como es el caso de Tether o TrueCoin, sustentadas en dólares estadounidenses, o metales preciosos como el oro.

Dando un paso más allá, entre las criptomonedas estables se desarrolló una nueva opción, aquella que incorpora el concepto de capital natural, introducido por la Organización de Naciones Unidas (ONU) para cuantificar el valor de los recursos naturales y su impacto en la economía mundial.

"Se nos ocurrió generar la relación de una criptomoneda sobre un metro cuadrado, que permite no solo darle tangibilidad y respaldo, sino también certeza al inversor de poder visualizar lo que está pasando. Nuestra idea es que el precio se mantenga con relativa estabilidad amparado en el capital natural", dijo Núñez.

En Argentina, el proyecto planea continuar con la recuperación de lotes en la yunga de la provincia de Salta (noroeste), los bosques patagónicos (sur) y la turba de Tierra del Fuego (sur), hasta completar 100.000 hectáreas. Su plan es expandir el modelo en otros diez países hasta completar un 1 millón de hectáreas dentro de los próximos 10 años.

"Creemos que la economía tal como la conocemos nos permitió determinado nivel de progreso y ahora la cuestión es cómo la reconvertimos en un proceso virtuoso donde recuperemos la selva y otros sumideros de carbono", comentó.

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