¿Poner más plata en los bolsillos no funciona?: el mercado no confía en el plan pro consumo y dice por qué

¿Poner más plata en los bolsillos no funciona?: el mercado no confía en el plan pro consumo y dice por qué
El plan del Gobierno, consistente en mejorar los ingresos con alivios impositivos y reapertura de paritarias, no tendrá el efecto deseado, afirman expertos
Por Fernando Gutiérrez
17.06.2021 15.01hs Economía

Es la obsesión del Gobierno, y es al mismo tiempo su gran frustración: a pesar de los números positivos en cuanto a reactivación de la economía, el consumo masivo no reacciona. Y hay algo peor: los expertos en el tema son escépticos sobre que las últimas medidas -como el alivio en Ganancias, la reforma en monotributo y el refuerzo en planes sociales- vaya a cambiar la situación.

Para colmo de males, los pronósticos dicen que los intentos por lubricar la economía poniéndole más pesos en el bolsillo a los consumidores no solamente no tendrán gran resultado en las góndolas, pero que sí pueden poner una aceleración en el ritmo inflacionario.

Las últimas horas fueron abundantes en noticias deprimentes. Además del IPC -3,3% en mayo, un 21,5% acumulado en lo que va del año y un 48,8% en los últimos 12 meses-, también se conocieron informes privados que le ponen números a la gravedad de la situación.

Un informe de la consultora Scentia, que releva supermercados y autoservicios, registró en mayo una caída de 3,5% interanual para los productos de la canasta básica, con lo cual la caída acumulada en el año ya es de 8,4%. Y su director, Osvaldo Del Río, se muestra pesimista sobre la posibilidad de un cambio en los próximos meses.

"Va a ser el sexto año consecutivo de caída. De hecho, nuestras proyecciones han empeorado. A comienzos de año veíamos que el 2021 podía terminar con una leve reducción de 0,4% y hoy los cálculos ya nos dan un 1,4%. Va a ser muy difícil revertir esa tendencia, por más que el Gobierno se esfuerce con medidas como las de los últimos días.

Por su parte, Guillermo D’Andrea, que dirige el departamento de mercados y retail en el IAE Business School, argumenta que lo que el Gobierno no ha conseguido es un cambio de expectativas

"Muchos están con incertidumbre laboral, o directamente viven colgados de un subsidio, por lo cual su perspectiva es muy chata. El Gobierno quiere que consuman más, pero ya se instaló una cultura de consumir más chiquito, más barato, segundas marcas. Es algo que se ve incluso en la minoría que tiene ingresos más altos", observa.

Los datos estadísticos parecen darle la razón: el índice de confianza del consumidor que mide la Universidad Di Tella está en su nivel más bajo de los últimos dos años, con una tendencia decreciente en la disposición a comprar bienes durables.

En tanto, una encuesta entre bancos realizada por la firma Latin Focus marcó una caída en su expectativa de mejora del consumo -ahora indica un rebote de 6,4% tras el desplome de 13 puntos registrado el año pasado-.

La apuesta a lubricar el bolsillo

Este escepticismo se choca de frente con la apuesta del Gobierno, que espera un cambio en el segundo semestre y lo ayude a mejorar sus chances electorales. La apuesta oficial apunta a que el ritmo de inflación caiga debajo del 3% y que varios sectores de la sociedad incrementen sus niveles de compra.

En ese sentido, desde el propio Gobierno se marcó como referencia un nuevo "piso" salarial para que los gremios que están renegociando cláusulas de ajuste por inflación puedan llegar a subas superiores al 40%.

En cuanto a los planes de asistencia social para los sectores más afectados por la pandemia, el Gobierno anunció un paquete de ayuda por $480.000 millones -que de todas formas está lejos de los 3,5 puntos del PBI que se destinaron el año pasado-.

El Gobierno apuesta al alivio impositivo, pero los expertos creen que no moverá la aguja del consumo
El Gobierno apuesta al alivio impositivo, pero los expertos creen que no moverá la aguja del consumo

Pero la gran expectativa está puesta en lo que ocurra en las próximas semanas. Los asalariados cobrarán el aguinaldo y, además, recibirán en cuotas su alivio en Ganancias, lo que volcará al mercado unos $40.000 millones. También los monotributistas tendrán un alivio calculado por la AFIP en $20.000 millones.

Y, sobre todo, se espera que la mayor laxitud en los controles por la pandemia permita el regreso de varios rubros que estaban trabajando a media máquina o directamente paralizados.

La conjunción de mayores salarios en algunos sectores, cierto alivio en la clase media, mayores niveles de asistencia a la franja baja y, además, una reactivación en la industria y el comercio, tendrían que surtir efecto, calculan los estrategas del Gobierno. Y, como para apuntalar ese estímulo, se está intensificando el programa de subsidios en la energía, además de mantenerse "pisados" varios precios regulados.

Los villanos: inflación, alquiler, jubilaciones, desempleo

Sin embargo, cuando se releva el humor del mercado, nada parece indicar que esa expectativa del Gobierno pueda cumplirse. En términos de consumo general, se espera un rebote modesto respecto del recesivo 2020. Pero cuando se focaliza en el consumo de alimentos y productos de higiene, ahí los pronósticos vuelven a entrar en terreno negativo.

Hay un mix de motivos que explican el pesimismo. El primero, naturalmente, es la inflación que puede licuar rápidamente estas mejoras si es que fallan los programas de control de precios que está implementando el Gobierno.

Otro de los factores importantes es el ajuste de los alquileres, que en estos días está alcanzando niveles de 40% en las renovaciones de contratos. Es un factor que castiga especialmente a la clase media -la supuestamente beneficiada por las nuevas medidas- a la que le queda un porcentaje menor de su ingreso para destinar a otros gastos.

Según un relevamiento del Centro de Educación Servicios y Asesoramiento al Consumidor (CESyAC), se necesita un ingreso mensual de $140.000 para poder comprar una canasta familiar de clase media en Buenos Aires.

Otro factor que juega en contra de una recuperación del consumo es la situación de los jubilados. Han sido, en los hechos, la variable de ajuste de la economía: en términos interanuales llevan una pérdida real del 13%. Y economistas como Andrés Borenstein, de la consultora Econviews, estiman que el ahorro fiscal por pago de jubilaciones llegará este año a $155.000 millones.

Es decir, el recorte real en jubilaciones es una cifra que prácticamente duplica el estímulo que se aportará a los asalariados y monotributistas por vía de alivio impositivo.

Entre la población de mediana edad y con trabajo estable, hay además motivos que llaman a la cautela. Por caso, un informe de Equifax - compañía especializada en Big Data & Analytics, reveló que los padres de familia argentinos tienen deudas promedio de $91.000, mientras que su ingreso está en torno de $51.000.

Pero, sobre todo, el factor en el que más enfatizan los expertos es el del empleo. Las encuestas entre economistas no marcan mejoras significativas respecto del año pasado, lo que implica que el número formal de desocupación seguirá en torno de 11,4%. Pero hay que tener en cuenta que este número no refleja la gravedad real de la situación, porque hay gente que ya desistió de buscar trabajo y entonces, para la estadística oficial, no es desempleado porque no pertenece a la población económicamente activa.

Y en cuanto a los nuevos empleos, muchos de ellos se dan a nivel de cuentrapropistas y en la informalidad. Prueba de ello es que en los informes de recaudación impositiva las contribuciones a la seguridad social siguen evolucionando por debajo de la inflación.

Se estima que en 2020 perdieron su trabajo un millón y medio de personas. Y hay investigaciones como la de la Universidad Católica que estiman en un contundente 28% la "desocupación real" cuando se considera a aquellos que tuvieron que cerrar sus negocios o quedarse en sus casas por la pandemia.

El riesgo del efecto boomerang

En definitiva, el plan de estímulo al consumo, al menos en los términos en que se está planteando hoy, no termina de convencer al mercado. Y hasta hay advertencias serias sobre que se pueda caer en un efecto boomerang.

Por ejemplo, el consultor Salvador Di Stefano destaca que el error central del plan oficial es no entender que incentivar la demanda sólo tiene sentido si hay una capacidad de qu, al mismo tiempo reaccione la oferta, algo que no ocurrirá sin incentivos impositivos a las empresas.

"En un escenario de crisis sanitaria, con empresas con severos problemas de caja, sin capital de trabajo, dotación de personal reducida y demanda escasa, no tienen por delante la oferta de productos para enfrentar una mayor demanda por parte de la sociedad. Mayor demanda y escasa oferta implica inflación asegurada", afirma Di Stefano.

La pandemia cambió hábitos de consumo, tanto por la caída de ingresos como por nuevos comportamientos
La pandemia cambió hábitos de consumo, tanto por la caída de ingresos como por nuevos comportamientos

Mientras tanto, todavía está por verse si se produce el boom de demanda que espera el Gobierno. Para Del Río, de la consultora Scentia, no hay que hacerse ilusiones, en lo que respecta al consumo masivo.

Y expone números con crudeza: sobre un universo de 28 millones de personas que tienen ingresos, un 79% no llegan a $40.000 mensuales. El promedio de ese sector mayoritario indica un ingreso de $27.000 por persona. Lo que implica que, para cubrir la canasta básica, un hogar necesita 2,3 ingresos de ese nivel.

"Hoy ya no podemos pensar en esa gran clase media con capacidad de ahorro que viaja y compra dólares. Esa gente pasó a ser una minoría, más concretamente un 3% de la población. Y no mueven la aguja en cuanto al consumo, porque pasaron a ser un sector poco representativo", argumenta.

En lo que respecta al sector mayoritario, Del Río observa una sensibilidad total a la suba de precios: "Las mejoras salariales de los próximos meses van a ser un parche que generará un efecto de corto plazo, porque mientras el nivel de producción no aumente, difícilmente haya una dinámica de precios diferente a la actual".

Y hay más malas noticias para los funcionarios: incluso entre quienes tienen capacidad de gasto, la pandemia generó cambios de hábito que se están revelando como permanentes. D’Andrea, del IAE, observa que puede haber una recuperación en salidas a bares, por ejemplo, por la necesidad de recuperar la socialización, pero otros rubros han quedado heridos.

Y argumenta: "Hoy, aunque haya más plata, uno no se compra un traje ni zapatos. El home office cambió hábitos, que en realidad ya se venían insinuando antes de la pandemia. Hoy estamos viendo el auge de los negocios de cercanía, ya no se va al hipermercado. Y aparecen muchas "saladitas" en varios barrios. Es un país donde el consumo va a seguir con el freno de mano puesto".

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