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El "plan platita": un gasto que se transforma en un castigo para el bolsillo de los argentinos

El "plan platita": un gasto que se transforma en un castigo para el bolsillo de los argentinos
Financiar el gasto público con emisión monetaria o deuda, y más aun en años eleccionarios, nos deja en un escenario explosivo: una crisis inflacionaria
Por iProfesional
28.10.2021 13.00hs Economía

El economista Milton Friedman decía que "uno de los más grandes errores es juzgar a los políticos y sus programas por sus intenciones, en vez que por sus resultados". En nuestro país las intenciones y los resultados ambas están desvirtuadas. La intención tanto del oficialismo como de la oposición en los últimos años fue ceñir la política económica a un único resultado: ganar elecciones.

En Argentina, que el gasto supere a los recursos disponibles no es una gran novedad debido que, si sacamos las cuentas en los últimos 35 años, 28 de ellos nos encontramos con la presencia de un patrón de déficit fiscal, en donde el gasto público se acelera cada vez más rápido en el tiempo, no solo generando inflación, pérdida de poder adquisitivo, desvalorización de los ahorros del ciudadano de a pie, sino que nos encontramos poniendo en peligro el futuro de las próximas generaciones.

 

Ahora si nos referimos a la aceleración de las cuentas públicas en años eleccionarios, estos números se agravan incluso más. Por ejemplo, en el cuadro de abajo podemos observar cómo el gasto corriente (remuneraciones, cargas sociales, pensiones, etc) al tomar los años de elecciones aumentaron como porcentaje de PBI y el gasto de capital (gastos en formación de capital, inversión, etc) se mantuvo casi constante.

Por ejemplo, en el año 2015, un año récord en déficit fiscal primario (-4,4%), cuando el gasto corriente casi se duplicó con respecto al 2013, debido que en esos años se cubrían solo el 10% del verdadero valor de las tarifas, y aumentaron aproximadamente 9 millones de personas en concepto de prestaciones sociales.

 

Por tanto, si estos gastos se encuentran aumentando en el tiempo es evidente que el resultado fiscal se encuentra mostrando señales claras de déficit fiscal. En el caso del Déficit Fiscal Primario (toma en cuenta gastos e ingresos propios del Estado, es decir, no toma en cuenta el pago de intereses generados por la deuda) éste se aceleró constantemente en el tiempo (en el 2019 si bien las cuentas fiscales se trataron de ordenar, pero si observamos siguiente el resultado financiero el cual agrega datos de la deuda este sigue en aumento).

En años eleccionarios, la política está dispuesta siempre a dejar una situación peor aún que la precedente.

 

Esto marca una tendencia clara, en la cual no solo no se respeta la restricción presupuestaria (ingresos de los que recibe el gobierno por distintas fuentes financieras como tributos), sino que independientemente el signo político del malgastar por encima de sus posibilidades es la principal herramienta que tienen nuestros hacedores de política para continuar en su espacio de poder.

A pesar de ello, el problema es siempre el mismo: ¿cómo obtener financiamiento extra para cubrir estos desequilibrios? La respuesta tiene una correlación directa con la variable "Base Monetaria" que es la creación de billetes y monedas de curso legal. Es decir, no es casualidad que la creación de la base monetaria que mostramos en el cuadro de abajo crezca en el mismo sentido que el nivel del gasto, además si tenemos el agregado político hace más evidente la relación directa.

 

Sin lugar a dudas, financiar el gasto público y más aun en años eleccionarios, solo puede acarrear problemas futuros. Es momento de comprender que todo este armado fiscal, financiando en mayor medida con emisión monetaria (creación de Base Monetaria) y en menor medida por deuda, solo nos deja en un escenario explosivo: una crisis inflacionaria.

 

A medida que pasan los años, el aumento del gasto público guarda relación con el nivel inflacionario, y al fijarnos en los años eleccionarios, el aumento del nivel de precios acompañó estas medidas fiscales. Por ejemplo, en el 2017 la aceleración del déficit fiscal primario de -4,2%, debido a un aumento del gasto corriente de un 36,75% tuvo su contrapartida directa en el dato de la inflación de 25,06% en todo ese año.

 

Es fundamental reconocer que esta "estrategia fiscal atada con hilos monetarios de corta duración" trajo consigo consecuencias inflacionarias negativas para el bolsillo de los argentinos, ya que a medida que aumentan los pesos en la calle para continuar financiando el gasto público, la inflación se encuentra un paso adelante. Por lo que, si hablamos de consecuencias que los ciudadanos sufren a causa de la inflación, se pueden mencionar las siguientes:

1. Reducción del salario real frente a la inflación, generando así una pérdida del poder adquisitivo debido que disminuye la capacidad de compra que tienen las personas con ese salario. Actualmente se registra el salario real más bajo de los últimos 18 años.

2. El aumento de precios, provoca un desaliento en el nivel inversión debido a la alta incertidumbre sobre el valor futuro de la moneda y escasez de bienes.

3. Disminución del ahorro en pesos, debido que la inflación provoca que pierda su valor, generando un resguardo en otra moneda, por ejemplo, el dólar: 1 de cada 10 dólares que existen en el mundo están en manos de argentinos.

 

Por tanto, se puede apreciar que este tipo de prácticas fiscales irresponsables (desahorro público), se sostienen con inflación futura de mediano plazo, pero lo lamentable de esta situación es que en lugar de asimilar que sostener gastos con emisión en el tiempo es inflacionario, se decide insistir en atacar las consecuencias y no las causas; volviendo a viejas prácticas como controles de precios, precios máximos, aumentos salariales por decretos y todo tipo de leyes que permitan hacer que el aumento de precios no sea tan notorio en un cortísimo plazo, pero la historia es la misma: si no atacás la causa del problema y solo aminoras las consecuencias, hay que tener presente que éstas no solo vuelven, sino que pisan el acelerador y despegan mucho más explosivas.

El día que pongamos el foco en sincerar que existe una restricción presupuestaria, que el gasto público no debería utilizarse como una herramienta política y peor aún si esta se financia con la emisión, probablemente dejaremos de discutir viejos problemas para avanzar con nuevas discusiones que tanto hacen falta en nuestro país.

Por Damián Di Pace, analista económico

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